La calidad educativa en las escuelas.
La preocupación por la
calidad es, quizá, lo que mejor caracteriza nuestros tiempos. La calidad de
vida es aspiración legítima de todo ser humano. Esta calidad de vida depende primordial mente de la calidad del quehacer humano y, en último término, de la
calidad de los seres humanos. La riqueza de una nación depende de su gente. Y
la función de la educación es crear seres humanos de calidad.
El sistema educativo en
nuestros países ha avanzado de manera considerable en su capacidad demostrada
en ampliar la cobertura del sistema educativo, de asegurar la oferta de
escuelas, aulas y maestros. Con ello, ha crecido la matrícula, disminuido el
analfabetismo, aumentado la escolaridad promedio de la población de América
Latina.
La calidad que estamos
buscando como resultado de la educación básica debe entenderse claramente como
su capacidad de proporcionar a los alumnos el dominio de los códigos culturales
básicos, las capacidades para la participación democrática y ciudadana, el
desarrollo de la capacidad para resolver problemas y seguir aprendiendo, y el
desarrollo de valores y actitudes acordes con una sociedad que desea una vida
de calidad para todos sus habitantes. Como lo establece la Declaración Mundial
de Educación para Todos, suscrita por nuestros países:
Cada persona -niño, joven o
adulto - deberá poder contar con posibilidades educativas para satisfacer sus
necesidades de aprendizaje básico. Estas necesidades abarcan tanto las herramientas
esenciales para el aprendizaje (como la lectura y la escritura, la expresión
oral, el cálculo, la solución de problemas) como los contenidos mismos del
aprendizaje básico (conocimientos teóricos y prácticos, valores y actitudes) necesarios
para que los seres humanos puedan sobrevivir, desarrollar plenamente sus capacidades,
vivir y trabajar con dignidad, participar plenamente en el desarrollo, mejorar
la calidad de su vida, tomar decisiones fundamentadas y continuar aprendiendo...
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