lunes, 8 de diciembre de 2014

Condiciones para la mejora del trabajo en el aula

Condiciones para la mejora del trabajo en el aula
De acuerdo con el trabajo de Ainscow y col., (2001), los factores que, en mayor medida, parecen condicionar la mejora del trabajo en el aula, y hacia los que, por tanto, habría que dirigir las intervenciones para mejorar el aprendizaje son los siguientes:
  • ·         La existencia de relaciones positivas
  •  Los límites y expectativas del profesorado.
  •   El alcance de los procesos de planificación y adaptación la enseñanza.
  •  La disposición a trabajar con otros.
  • La capacidad de cada profesor de reflexionar sobre su propia práctica
Seguramente, la calidad de las relaciones del docente con su alumnado es uno de los mayores determinantes del aprendizaje de estos. Las más positivas se consiguen, siguiendo los análisis de estos autores,  cuando los profesores:
      1. Demuestran una consideración positiva hacia todos sus alumnos.
Esta condición hace referencia, en su opinión, a la cualidad más estimulante que una persona puede mostrarle a otra y que no es otra que la consideración positiva e incondicional. Ello se refleja en los mensajes continuados, de forma verbal y no verbal, que los maestros y maestras mandan a sus alumnos. Por desgracia a veces lo más frecuente es esa falta de consideración y la creencia de que los alumnos tienen que hacer algo para ganársela. Sin embargo, en otras ocasiones se ha visto y comprobado lo poderoso que puede ser la aceptación y la tolerancia mutua de las diferencias individuales para las relaciones entre maestros y alumno
2.   Conducen sus relaciones en aula de forma que se muestran consistentes y justos y dan pie a la confianza.

Cuando las relaciones entre alumno y maestro no son buenas, los alumnos aluden con frecuencia a una sensación de que el maestro «es injusto» o no actúa siempre de la misma manera ante determinados alumnos o ante ciertas conductas. Por lo tanto, para que las relaciones de clase sean positivas, es fundamental que los maestros y maestras posean esta cualidad - y la demuestren - de ser consistentes y justos con su alumnado.
        3.    Saben escuchar.
Tan importantes como que los maestros sean claros al dar instrucciones o transmitir sus ideas y emociones a los alumnos, es que éstos sientan que sus maestros son igualmente sensibles a lo que dicen. Se trata, en definitiva, de mejorar las competencias o destrezas para una escucha activa, aquella que transmite el mensaje de que somos conscientes de lo que los alumnos nos quieren comentar o expresar.
      4.    Hacen de sus clases lugares donde los alumnos pueden sentirse seguros a la hora de experimentar para aprender,  lo que supone que puedan elegir, asumir riesgos y aceptar responsabilidades.

Un aprendizaje eficaz es aquel en el que se anima al aprendiz a que se responsabilice de su propio aprendizaje y vaya siendo, por ello, cada vez más autónomo. Pero esta responsabilidad exige poder elegir – no se fomenta la responsabilidad si el profesorado toma todas las decisiones al respecto – y poder elegir es también poder equivocarse, lo que supone entonces un riesgo que también hay que saber enfrentar y, en caso de fracaso, asimilar de forma positiva, pues de los errores cabe aprender incluso más que de algunos aciertos y tras ello hay una actitud de reflexión y no de culpabilización. En este sentido las clases tienen que ser lugares emocionalmente seguros, donde los alumnos puedan cometer errores las veces que ocurra – porque ello les permite ganar experiencia sobre ellos mismos como aprendices.

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